Cada mañana te observo con el rabillo del ojo,
como deseando que  no te des cuenta que lo hago;
queriendo descubrir el olor de tu esencia…

Me coges de la mano entre conciencia y ensueño y

devolviéndome la mirada con un “sabes que te quiero”.


Las carcajada internas e inseguridades en mi rostro se esfuman,
me recojo entre las sabanas y me acoplo a tu cuerpo.


¿Sabes cómo se siente tener tu cuerpo conectado al mío?


Es algo parecido a lo que una masa de buñuelos debe sentir al

contacto con el aceite hirviendo.

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